Orlando, el chico de 18 años que le está enseñando a su familia a leer y escribir

  • WhatsApp Image 2020-11-02 at 11.43.33 AM (2)
  • WhatsApp Image 2020-11-02 at 11.43.32 AM
  • WhatsApp Image 2020-11-02 at 11.43.32 AM (1)
  • WhatsApp Image 2020-11-02 at 11.43.33 AM (1)
  • WhatsApp Image 2020-11-02 at 11.43.31 AM

En la comunidad de Moscú, en el corregimiento del Arado en La Chorrera, hay un chico de 18 años que todos los días se para frente a un grupo de adultos entre 33 y 40 años para enseñarles a leer y escribir. Su papá, su mamá, tíos y tías (siete en total) son sus estudiantes que están  cumpliendo el sueño de sus vidas; regresar imaginariamente a la escuela, a la que nunca asistieron cuando eran niños, para aprender a escribir sus nombres y poder contar los números.

Orlando Carpintero, es un maestro voluntario del programa “Muévete por Panamá, Yo sí Puedo” del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) que dicta clases todos los días en su casa en dos turnos, mañana y tarde. Por espacio de dos horas le enseña a su familia ortografía, y todo lo relacionado a la forma correcta de escribir, con el propósito que su familia se supere.

En lengua ngäbere, Orlando, motiva a su familia a identificar las vocales y armas frases cortas. El grupo entusiasmado responde y luego de unos minutos de haber iniciado la clases, van al tablero a escribir lo que han aprendido.

Martín Carpintero y Elisa Quintero de 37 y 40 años,  aseguran que las clases están dando resultados. Para demostrar lo que han aprendido, Martín toma un piloto y escribe con dificultad su nombre, acto seguido su esposa, hace el mismo esfuerzo, y plasma su nombre en el tablero.

Para esta pareja de esposos se trata de un logro importante que está cerrando un ciclo en sus vidas. Ahora muchas cosas tienen sentido, como comprender qué dicen los periódicos o los anuncios que cuelgan de las vallas publicitarias que antes no podían leer.

“Es como si se estuviera descubriendo un mundo, que siempre estuvo frente a mis ojos, pero  que desconocía”, relata Martín, visiblemente emocionado.

Las primeras frases que han aprendido a escribir y leer son las que está relacionada con su entorno: gallina, casa, café, machete, montaña,  agua, nubes, Comarca, entre otras.

Orlando, estudiante del Hogar Malambo de décimo grado, asegura que se trata del mayor desafío de su vida. Hay muchas emociones que me rodean cada vez que me paro frente a mi familia – comenta el joven – ellos nunca fueron a la escuela y mis clases son lo más cercano a esas experiencias que no pudieron vivir.

Cuando concluya el programa su familia habrá completado un curso de 65 horas que les permitirá por primera vez en su vida, escribir sus nombres completos, y redactar una carta con frases y oraciones sencillas.

Martín, Elisa y sus hermanos, nacieron en el corregimiento de Krua en la Comarca NgäbeBuglé, donde la incidencia de la pobreza es del 99.8% de acuerdo al índice de Pobreza Multidimensional (IPM-C),  elaborado por la Secretaría Técnica del Gabinete Social.

“Nunca fuimos al colegio porque estudiar era complicado, y en ese tiempo el trabajo era la prioridad, se necesitaban manos para los cultivos, era una vida muy difícil y había que trabajar”, cuenta con nostalgia Martín.

Mientras completaban ese sagrado mandato ancestral del trabajo en la huerta,  se escapaban  sin querer de la magia de las aulas, de la fascinación de leer un libro y de las aventuras imaginarias que se siente cuando se lee un cuento. Para reemplazar esa habilidad, debieron vivir con la palabra hablada y la memoria, para acordarse de cosas comunes, que pudieron haber escrito en un pedazo de papel.

La familia Quintero- Carpintero, representan el 5% de la población iletrada del país. De acuerdo al último Censo de la Contraloría General de la República en el país viven unas 100 mil personas analfabetas, la mayoría de ellas mujeres que provienen de las regiones indígenas del país.

La ministra del MIDES, María Inés Castillo de Sanmartín, explicó que la historia de Orlando y la de su familia, es una muestra del compromiso social que tiene el gobierno nacional, por restituirle los derechos a las personas iletradas del país.

“Nuestro programa promueve el desarrollo  del país en las áreas más vulnerables. Una persona que sabe leer y escribir es un ciudadano empoderado, capaz de forjar un destino favorable a su favor” destacó.

Sobre el programa indicó, que el aula no es un lugar fijo, es móvil, porque se traslada a distintas casas y eso facilita la participación de los adultos. También adelantó que la institución tiene habilitado 100 ambientes, donde más de 400 panameños se están alfabetizando.

Agregó que al finalizar los cursos los recién alfabetizados, pueden aprender un nuevo oficio en el Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (INADEH) que les permite desarrollar una profesión.

La importancia de saber leer y escribir

La psicóloga Marisela Arrocha, de la oficina de equiparación  de Oportunidades y Género del MIDES, explica que una persona que nunca fue a la escuela presenta un coeficiente inferior a los que tuvieron la oportunidad de estudiar.

Para Arrocha la alfabetización es crucial para el desarrollo humano. Indica que al aprender a leer se altera la arquitectura cerebral y se genera nuevas conexiones en áreas que antes del aprendizaje de esta nueva habilidad, no se comunicaban.

La especialista añade que la escritura requiere la utilización de todas las estructuras cerebrales funcionando de manera conjunta y coordinada estructuras asociadas al pensamiento, al lenguaje y a la memoria. El acto de escribir requiere un alto nivel de especialización y coordinación hemisférica, ya que implica la integración de movimiento, tacto, e ideas, necesario para plasmar nuestras ideas en un soporte físico. Y por lo tanto la escritura impulsa la inteligencia.

De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) la alfabetización es también una fuerza motriz del desarrollo sostenible ya que permite una mayor participación de las personas en el mercado laboral, mejora la salud y la alimentación de los niños y de la familia; reduce la pobreza y amplía las oportunidades de desarrollo durante la vida.

Orlando, está seguro que sus estudiantes van a un buen ritmo y que están pronto a graduarse. En su familia hay una alegría colectiva que los motiva todos los días a concluir el programa. Para Martín y su esposa, haber participado en “Muévete por Panamá, Yo sí Puedo”, es un claro ejemplo que se puede aprender a leer y escribir después de los 40 años.