“El CAIPI me ha permitido ser una emprendedora”

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En la comunidad de Buenos Aires en la Comarca Ngäbe-Buglé una madre y su hija luchan por salir de la pobreza. La historia es un ejemplo de lucha y perseverancia por alcanzar mejores días.

Cristina Valdés lleva todas las semanas a su hija Ruth Esther Pita al Centro de Atención Integral a la Primera Infancia (CAIPI). Puntualmente a las siete de la mañana la pequeña entra al recinto para iniciar una jornada de aprendizaje. En este centro la pequeña Ruth está aprendiendo a cantar, bailar,  y dibujar.

Cuando Ruth de tres años ingresa al CAIPI, Cristina abre su abarrotería donde vende artículos de primera necesidad. Hace tres años abrió la tienda con 300 dólares que tenía ahorrado. A partir de esa fecha el negocio ha fluido conservadoramente.

La tienda está cubierta por hojas de zinc y postes de maderas. El piso es de tierra y cuando cae la noche la luz la provee una guaricha. Pero esta humilde abarrotería le brinda alimento a una madre soltera de 43 años con cuatro hijos y dos nietos.

“El CAIPI me ha permitido ser una emprendedora y esta oportunidad es valiosa porque donde vivimos no hay fábricas, empresas o negocios donde podamos trabajar”, indicó la mujer.

Cristina y su familia viven en un corregimiento de mil 304 personas, donde la pobreza multidimensional es del 86.5% de acuerdo al Índice de Pobreza Multidimensional elaborado por la Secretaría Técnica del Gabinete Social del MIDES.

En esta comunidad no hay parques, bibliotecas, cines, o teatros donde se fomente la cultura o el entretenimiento. Los servicios básicos en la comunidad son limitados. No hay calles pavimentadas, servicios sanitarios, agua potable ni electrificación.

La construcción del CAIPI a un costo de $675, 606.50 es un rayo de esperanza para la comunidad. Este centro representa una oportunidad para que los niños de 0 a 4 años desarrollen todas sus habilidades y destreza a través del juego y el entretenimiento. Pero lo más importante es que este centro ayudará a los pequeños a realizar una transición armoniosa hacia el sistema escolar.

En el CAIPI la pequeña Ruth ha logrado avances importantes. Su madre narra que su hija era un poco cohibida, hablaba poco y no le gustaba interactuar con otros niños de su edad.

A un año de haber ingresado Ruth baila, canta y es capaz de contar los número del 1 al 20. También participa en un programa de salud y nutrición que les permite a las autoridades monitorear su crecimiento e intervenir cuando sea necesario.

El CAIPI le ha permitido a Cristina ver el futuro de su hija con luces largas. “Mi sueño es ver a mi hija convertirse en una profesora para que no viva las dificultades que yo he tenido que enfrentar”, destaca Cristina.

De momento Ruth seguirá cantando, bailando y jugando en el CAIPI, aprendiendo lo más que pueda, mientras su madre atiende la abarrotería. Todo lo que aquí aprenda sentará las bases de su educación, que en un futuro le permitirá a Ruth convertirse en la profesional que su mamá sueña.

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