“La ayuda siempre llega, truene, llueve o relampagué”

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Siete mujeres del grupo interdisciplinario del MIDES salen todos los días a repartir víveres, medicamentos y formulas infantiles a domicilio. Sin importar el riesgo que esto conlleva atienden a las poblaciones más vulnerables: adultos mayores, niños, niñas y personas con discapacidad.

Desde el 7 de abril un grupo de siete mujeres salen a la calle a realizar entregas  de ayuda humanitaria a domicilio. El servicio lo brindan a grupos vulnerables, organizados en cuatro categorías: ancianos, personas con discapacidades físicas, niños en estado de lactancia  y personas con problemas médicos preexistentes.

A través de las líneas de emergencias y las redes sociales, los ciudadanos se contactan con el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES). Luego de escoger los casos más apremiantes. Los paquetes de ayudas se despachan a través del grupo interdisciplinario de la institución.

No han parado ni un solo día de la semana. El último informe emitido por la institución informa que este grupo ha entregado 35 mil bolsas de comida y 16 mil 581 formulas infantiles en la provincia de Panamá, Panamá Oeste, Colón y la provincia de Darién. También entregan medicamentos y pañales para adultos mayores.

En promedio realizan 40 entregas al día y trabajan sobre una consigna que hasta ahora le ha brindado resultados: todos los paquetes de ayuda deben entregarse, llueva, truene o relampagué.

El grupo está conformado por, Lismary Velarde,  43 años, Deyra Bravo,  45 años, Nilda Taylor, 48 años, Guillermina Jiménez, 49 años, Selene Álvarez, 44 años (trabajadoras sociales), Ruth Quintero, 31 años,  (Psicóloga) y Taina Hedman de 38 años (desarrollista comunitaria).

Entre callejones, veredas, calles polvorientas y caminos de difícil acceso, se adentran buscando el paradero de humildes familias que han sido seleccionadas para recibir la ayuda social. Cada caso exige esfuerzo y sacrificio.

Para este grupo de mujeres su trabajo es una vocación. No se limitan a las jornadas de ocho horas. Hay días que sus jornadas han iniciado a las 6:00 a.m. y terminan a las 8:00 p.m. La pandemia ha cambiado todo. A muchos les ha llevado un familiar, a otros sus trabajos y los que están exentos deben sacrificarse por los demás.

La Desarrollista Comunitaria, Taina, está consiente que una bolsa de comida no soluciona el problema. Pero al llevarle provisiones evitamos que salgan a la calle y corran el peligro de contagiarse.

“Hay casos tan complejos que nos sacan lágrimas y que se van con nosotros. Esta pandemia ha golpeado a todos, sobre todo aquellas familias que dependía de la economía del día a día”, destaca Taina.

“Hay días que llegamos a la casa y hablamos con nuestros familiares de todo los que nos sucedió. Esa es nuestra manera de canalizar las emociones. Es como una terapia que nos ayuda a reiniciarnos”.

“Es muy triste, muy deprimente ver a las familias tener que esperar encerrados que le lleven comida.

“No solo es estresante, sino emocionalmente agotador”.

Pero salir a la calle nos permite observar las realidades que viven muchas familias – indica Taina- hay casos  donde las personas se siente estresado, agobiado y necesitan que la escuchen.

Guillermina que es madre y abuela asegura que esta experiencia le ha enseñado varias lecciones. La primera de ellas es  agradecer que cuenta con un trabajo que le permite llevar alimentos a su casa.

“Tener un trabajo antes de la pandemia era muy normal. Ir al supermercado era una rutina de cada 15 días, pero hoy todo ha cambiado. Muchos desean estar laborando y obtener dinero para comprar comida”, comenta.

Salir a la calle siempre es un riesgo

Guillermina explica que en varias ocasiones han llegado a lugares donde hay pacientes con COVID-19. Cuando esto sucede, tratamos que no se sientan excluidos. Aunque nos protegemos y guardamos todas las medidas, procuramos atenderlos de la mejor manera.

“Obviamente, da miedo cuando estás allí”, dice. “Te vuelves muy, muy, cauteloso con lo que tocas”.

“Pero tienes que dejar ese pensamiento de lado, porque estás allí para ayudar a estas personas. No se trata de ti”.

Las muestra de cariño y agradecimiento en respuesta a sus entregas son muchas. Pero la mayor satisfacción para el grupo es haber aliviado la carga emocional y económica de muchas familias.

Nilda, recuerda que en una ocasión llegaron a una residencia, donde un bebé de seis meses estaba tomando leche de lata. Llegar a la residencia fue todo una odisea, porque vivían en una zona de difícil acceso, debimos caminar entre fango, pero llegamos.

Mientras dure la pandemia este grupo de mujeres seguirá recorriendo las calles. Sin importar que tal lejos estén, ellas llegarán y harán la entrega.

Para Taina el temor a un contagio siempre está presente, pero su vocación las impulsa a la calle. Su miedo no es simple alarmismo, un informe emitido por ONU Mujeres indica que las mujeres en Panamá cargan con el “peso de la pandemia” al afrontar un aumento de horas destinada al cuidador de su hogar y sus trabajos. En comparación con los hombres ellas están más expuestas.