Red de Oportunidades de Mides: el impulso detrás de dos profesoras Ngäbe
- Con apoyo del Gobierno Nacional, esfuerzo propio y educación universitaria, dos madres de la Comarca Ngäbe-Buglé rompen el ciclo de pobreza mientras transforman a sus hijos en estudiantes destacados.
- Con una inversión trimestral de 6.3 millones de balboas que beneficia a más de 42 mil panameños, la Red de Oportunidades impulsa educación, corresponsabilidad y superación en comunidades vulnerables.
Panamá, 20 de abril de 2026. En la casa de Iris Reyes y Cristina Carpintero, en la Comarca Ngäbe Buglé, la pobreza es un reto que se enfrenta con educación, esfuerzo y títulos universitarios.
Ambas mujeres desafiaron las barreras de su entorno y, con determinación inquebrantable, lograron graduarse de la Universidad Autónoma de Chiriquí (UNACHI), costeando su carrera universitaria con la transferencia monetaria que les otorga el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) a través del programa Red de Oportunidades.
Tras cinco años de estudios, recibieron su diploma de licenciadas en Educación. Iris, de 35 años, y Cristina, de 26, residen en la comunidad de Llano Ñopo, corregimiento de Roka, distrito de Munä, a siete horas de la ciudad capital.
Pero ni la distancia ni las limitaciones en su hogar frenaron el sueño de estas mujeres. Iris Reyes se graduó de la Licenciatura en Educación con el “Capítulo de Honor Sigma Lamba”, la más alta distinción académica que otorga la universidad a estudiantes sobresalientes.
Cristina también se graduó con buenas calificaciones. La historia de estas amas de casa se sigue escribiendo. Ambas decidieron estudiar un profesorado en educación media, con el objetivo de ser docentes en sus comunidades para enseñarles a los estudiantes que la educación es una herramienta poderosa para combatir la pobreza y forjarse un futuro prometedor.
Iris es madre de cinco hijos que cursan estudios en el Centro Educativo Llano Ñopo, todos con un desempeño académico destacado. Larisa, la mayor, alcanzó un promedio final de 4.7 el año pasado. Sus otros hijos (Lucila, Rosiris, Saúl y Leonardo) también se esfuerzan por mantener un buen rendimiento académico.
Este año, Leonardo culminará su bachillerato en ciencias y aspira a ingresar a la Policía Nacional de Panamá, con el firme propósito de servir al país.
Iris asegura que sus primeros alumnos son sus propios hijos. Cada día, al regresar de la escuela, revisa sus cuadernos para conocer sus avances y acompañarlos en sus tareas.
Con orgullo cuenta que fue ella quien enseñó a leer y escribir a su hijo Saúl. Se define como una profesora con vocación y afirma que eligió la docencia porque enseñar es, más que una profesión, su verdadera pasión.
La historia de Iris está marcada por la perseverancia. Estudiar en la universidad no fue fácil; las responsabilidades del hogar y la crianza de sus hijos dejaban poco espacio para el descanso. Aun así, encontró un espacio para cumplir con las tareas académicas y los proyectos que le dejaban los profesores.
Por su parte, Cristina es madre de Eufenia y Maidelín, de 8 y 9 años, quienes cursan tercer y cuarto grado, respectivamente. Sus hijas ocupan puestos distinguidos en la escuela. Maidelín, el año pasado, obtuvo un promedio de 4.8, mientras que Eufenia alcanzó el 4.7.
“Estoy orgullosa de mis hijas. Son buenas estudiantes y quiero que sean profesionales. Por ellas ingresé a la universidad, para motivarlas y ser un ejemplo”, expresó Cristina.
Cristina relató que su camino para ser una profesional inició en la escuela primaria, donde debía caminar hasta cuatro horas para llegar a la escuela.
“Recuerdo que cuando vivía en el corregimiento de Krüa —relata Cristina— caminaba durante horas para llegar al salón de clases. Fueron años difíciles, pero desde pequeña tenía claro que quería estudiar”.
Afirma que siempre soñó con enseñar. “Tuve maestros y profesores que marcaron mi vida y me dejaron grandes enseñanzas. Eso mismo es lo que quiero transmitir cuando ejerza mi profesión”, expresa.
A pesar de sus títulos universitarios, estas profesionales de la educación aguardan por una oportunidad en el sistema educativo que les permita ejercer su vocación de enseñar. No obstante, mientras esta oportunidad llega, ambas madres han desarrollado iniciativas emprendedoras.
Iris se dedica a la confección de trajes y vestidos de diversos estilos, mientras que Cristina impulsa la cría de pollos de engorde y mantiene un pequeño corral para la crianza de cerdos.
Coinciden en que las transferencias monetarias condicionadas que otorga el MIDES deben asumirse como una oportunidad para salir adelante. “No se trata solo de recibir, sino de saber aprovechar ese apoyo para superarse”, destacan.
Los programas del MIDES transforman vidas
Para la directora nacional de Inclusión y Desarrollo Social del MIDES, Magalis Araúz, las historias de Iris Reyes y Cristina Carpintero reflejan el verdadero impacto de los programas sociales.
“Estas dos mujeres son un claro ejemplo de cómo los recursos del Estado pueden convertirse en una herramienta para la superación personal y familiar. Han sabido transformar el apoyo que reciben en oportunidades reales de crecimiento, apostando por la educación como motor de cambio”, expresó.
Araúz recordó que una de las corresponsabilidades del programa Red de Oportunidades es garantizar que los hijos en edad escolar asistan a clases.
“Ellas no solo cumplen con esta responsabilidad, sino que van más allá: sus hijos tienen un rendimiento académico destacado y, además, ellas mismas continúan formándose profesionalmente. Ese es el impacto que buscamos, familias que rompen el ciclo de la pobreza a través del esfuerzo y la educación”, puntualizó.
A través del programa Red de Oportunidades, 42,591 panameños (en su mayoría mujeres) reciben trimestralmente transferencias que suman 6.3 millones de balboas, destinadas a cubrir necesidades básicas como alimentos, medicamentos y artículos de primera necesidad.
Además del apoyo económico, el programa promueve la formación de sus beneficiarios mediante charlas y capacitaciones orientadas al desarrollo de emprendimientos sostenibles, con el propósito de mejorar su calidad de vida y fomentar su autonomía económica.
